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Todo es extraño, hasta mi imagen reflejada en mis silencios

miércoles, junio 20, 2007

"Cera y Queque"



En mi vida son pocas las cosas que recuerdo con tanta nitidez como el rico olor a cera.



¡Mi mamá me echó de nuevo a jugar afuera!, creo que adentro hago mucho desorden, ¡pero ella no me entiende! A quién le importa que el camarote se desordene cuando uno está salvando la tierra de extraterrestres, claro pero ella sólo piensa en el orden, ¡el orden! no me queda otra que ir a jugar. ¿A qué voy a jugar hoy? ¡Voy a ser alpinista!, menos mal que no hay nadie en el patio de atrás, ñaca-ñaca. No es tan difícil, sólo tengo que trepar por la parra, es un poco áspera y rugosa, tan flacucha y me aguanta igual, un poco de equilibrio por la muralla, y la meta… el techo de mi querida vecina, la Yaque, tiene como cuarenta años y está un poco loca pero me cae bien. Desde aquí se ve toda la calle, y vigilo todos los movimientos de los niños, ya sabré cuando estén jugando al luche, no está mal para una niña de siete años ¿verdad? Y aquí viene la Yaque, como siempre cuando escucha mis pisadas en el techo.

-Nisska, bájate del techo porfis-
-No quiero, desde aquí se ve todo,¡mira ven!
-Nisska, te vas a caer, y no te voy recoger
-Bueno, pero sólo porque te va a escuchar mi mami con tanto griterío y no me quiero quedar encerrada.

Ya está, abajo otra vez ¿y ahora que hago? Ya sé, una casa, las toallas que están colgadas me servirán, y si las pongo así colgando del techo, se verá como pared y el macetero de mi abuela sirve de cama. Ahora me falta el almuerzo, en todas las casas se hace almuerzo. Que rico me quedó con las hojas y las flores de mi abuela, no sé por qué me reta tanto por sacarle las flores si no me dejan jugar con nada más, lo mínimo es que me deje jugar a hacer comidita, luego voy a crecer y tendré que hacer comida igual que mi mami y debo estar preparada. Ya me aburrí. Mejor voy a comerme las flores, esas amarillas que salen en los tréboles, son súper ricas, saben como a limón y como mi mami me tiene desterrada debo sobrevivir.

A ver, jugué a ser alpinista, hice una casa y almuerzo, comí flores, hice una piscina en el jardín para las muñecas la pasaron súper bien, me subí al ibisco, hice un dibujo en la pared con los cinco pesos que me encontré, uf!, me cansé.
¡grrrr!, ¡mi guata! tengo hambre, mejor voy a la casa.

-mmm!! ¡Olor a cera!, quiero queque-
-mamá, mamá dame queque-
-todavía no, está caliente y te hace mal, anda a ver monos-
-pucha oh!-

Lo rico de ir a jugar es volver y que esté encerado, ese olor a madera trabajada toda la tarde por pies de mujer esforzada presagian un rico y sabroso ¡queque!



Una mujer se esmera por dejar todo limpio, aseado, oloroso y ordenado, tratando de vigilar siempre a su hija que juega afuera, que no le vaya a pasar algo, porque como es seguro que hace algo que puede ser peligroso, aunque nunca le pasa nada. No le gusta echarla de la casa pero es que no deja hacer el aseo jugando y saltando, es feliz pero debe comprender que en una mediagua de dos piezas es difícil mantener el orden y decencia. Lo único que puede hacer es virutillar su pequeña pero ahora ordenada casa, luego encerarla con esa cera cremosa que debe esparcirse con la mano para que no se agrume en un solo lugar, ese olor que ella asocia a limpio, a sudor y trabajo.
Luego, mira su obra y se siente bien, aunque un poco frustrada por no poder tener algo mejor porque su marido no está, trabaja, sí, pero no para ella, no para su familia, sólo para él y sus amigos, así que piensa en que algún día lo dejará y hará su vida junto a su hija, esa hija que juega afuera sin saber de las preocupaciones de su madre.
La única felicidad es compartir con su hija buenos momentos, momentos creados por ella, se decide a, como siempre, hacer un queque para compartir con su hija, sabe que ella llegará pidiendo un trozo justo cuando está caliente, y la enviará a ver televisión, como siempre, los monitos que tanto le gustan para que se relaje.
El queque está casi listo, y ni luces de su hija, pero sabe que llegará a compartir su solitario momento con ella.
El queque está recién sacado del horno y se avecina la hija tan esperada.

-mmm!! ¡Olor a cera!, quiero queque-
-mamá, mamá dame queque-
-todavía no, está caliente y te hace mal, anda a ver monos-
-pucha oh!-

Y junto a su madre, luego, la niña come un rico trozo de queque con olor a cera.

-Mami, que rico que enceraste, está rico el queque.






Por Nisska Cruces

3 comentarios:

Maribel dijo...

mala me hiciste llorar,fueron momentos dificiles,en ese momento eras lo unico y mas hermoso que tenia,fuiste mi mejor compañia,luego llegaron dos mas,pero sigues siendo especial y mi mejor compañia

alex dijo...

wow!
de verdad me pareció un buenisimo texto...
si hasta un par de lágrimas se me cayeron... (la niña que está en frenteme vió pero se hizo la loca jeje)
de verdad me encantó tu texto...
en mi casa igual pasaron momentos parecidos...
pero ahora nos tenemos los unos a los otros...
felicidades...

creo que pasaré más seguido por tu blog...
de verdad me emocionó...

Rodrigo dijo...
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