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Todo es extraño, hasta mi imagen reflejada en mis silencios

viernes, junio 22, 2007

Oscuridad y Luz

La Historia de una triste dicotomía

Oscuridad, densa oscuridad que se plantó ante mí desde aquel día funesto en que abrí los ojos para no ver más. Todo era distinto, nada se palpaba de la misma manera, comencé a imaginar lo que tocaba como un pedazo de vida que me fue arrebatado de golpe. Al comienzo, reconozco que fue difícil imaginarme en este mundo nuevo en que nada significaba ya lo mismo para mí. La voces venían de otro lugar, un mundo de ecos sin rostro, escuchaba, sí, pero no reconocía en el sonido ninguna figura recordada, entonces trataba de mirar, ver aunque sea un rayo de luz que me permitiera distinguir una figura , taraba de reconocer en ellos a las personas que alguna vez vi. Sus voces me traían imágenes furtivas, segundos de visión, como humo que forma la imagen de aquel que me mira o que no lo hace por miedo a ver mis ojos que buscan en la nada el inicio de esa voz. Todo era humo y nada, vacío dentro de lo que no se puede llenar. Hasta que descubrí una manera de ver, una manera de sentir lo que alguna vez vi, los colores, las luces, la oscuridad; porque en aquel entonces, cuando mis ojos distinguían colores, la oscuridad para mi era ver, era ver nada pero era ver, ahora para mi la oscuridad es un mundo solitario, en donde no sirve ver oscuridad, porque a diferencia del pasado en donde la oscuridad significaba perder por un minuto los colores y la distinción de las cosas, ahora la oscuridad significa todo, porque jamás varía, nunca aparece un color, una forma tocada por la luz, una sombra provocada por la luna que ilumina la noche. Cuando veía jamás me fijé en las cosas que ahora anhelo, ver por ejemplo la silueta de mi mujer tocada por la luz de la mañana al levantarse, ver la luz en sus ojos al mirarme abrazados después de un buen trago de amor, ver el rojo de sus labios al besarme, las gotas de placer saliendo por sus poros, sus manos blancas tocando mi piel oscura. No recuerdo el color de sus ojos, pues cada vez que me miraba tenía un fulgor diferente. Nunca aprecié el verde de una manzana, o lo hermoso de las hojas de un árbol tocadas por la luz del atardecer, lo maravillosas que son las gotas de lluvia cayendo desde la nada para tocar la piel del mundo, su perfección, su fuerza y delicadeza, y esa transparencia que da cuenta de que el mundo aún tiene esperanza. No valoré las sonrisas de mis seres queridos cuando me veían llegar, la alegría reflejada en los ojos de mi madre, ni la tristeza en los ojos de mi padre al verme partir. No sé si ellos divisaban en mis ojos la pena por dejarlos ahí, esperando a que la vida les dijera qué más esperaba de ellos, y tampoco sé si veían el fuego de valentía que salía de mí a causa de la meta, crear mi camino al andar y seguirlo hasta la muerte.

Creo sin embargo, haber apreciado mucho el color de la pintura acariciando el papel, el exquisito momento en que mi creación tomaba forma, y el instante de presentación, veo aún en mi mente las miradas curiosas del público expectante. Mi vida era pintar, pero no sólo representar la realidad o mi mundo ficticio, sino crear la realidad a partir de la realidad. Me sentí frustrado cuando abrí los ojos un día, y todo era oscuridad, ya nada estaba como lo dejé, me sentí como un hombre puesto en una caja de vidrio, pero nada había afuera, nada excepto oscuridad. Por un tiempo sólo quise morir, ninguno de mis cercanos quería estar a mi lado por lo odioso que me volví, mi mujer… -oh, mi hermosa mujer, mi amada mujer-, estuvo conmigo siempre soportando mi mal genio, mis insultos, mi depresión, mi inseguridad, y siguió amando a la escoria de marido que tenía, a pesar de todo.

Luego de pasar mucho tiempo en una especie de tártaro emocional, vi la luz; claro, figurativamente; y descubrí que no tenía que esconderme ante la oscuridad, que los días en que me daba miedo la oscuridad y tenía que encender la luz habían pasado, ya era un hombre, y si no cambiaba ya no sería nada ni nadie. Así es que como dicen: ‘si la vida te da la espalda, agárrale el poto’. Y así es como actué. Me convertí en un perro, ellos no distinguen colores (están mejor que yo), pero a cambio tienen un extraordinario olfato, yo no tengo ni uno ni lo otro, pero sí tengo mi talento, la habilidad que yo pensé perdida me ha dado el camino para la visión, a través de mi pintura puedo reconstruir mi mundo, ese mundo que perdí, ya no será igual, pero esa es la gracia en mi oficio, que nada sea igual a otra cosa ya existente, mi originalidad me dio la llave de oscuridad, ahora estoy en la luz, una luz que yo creé porque mi ceguera me obligó a reconstruir la realidad a imagen y semejanza de las formas que pueblan la oscuridad que me acoge.

Ahora estoy en la luz del farol que yo mismo construí, para moldear mi figura y encontrarme cada vez que me busque dentro de esta inmensa oscuridad.




Por Nisska Cruces

1 comentario:

Maribel dijo...

es bueno que puedas expresar de esta forma tus buenos y malos recuerdos,me gustaría que algún dia sanen tus heridas.

mamá