
Ella miraba el cielo como esperando algo, estuvo allí por horas, todos pasaban y pensaban en ella con tristeza, pero ella no estaba triste, solo esperaba.
A media tarde sus ojos se cerraron y una lágrima de felicidad corrió por su mejilla.
Y allí sentada en el pasto verde de una primavera hermosa, acompañada de sus sueños y una flor, acariciada por el viento amable del ocaso, y protegida por el follaje de un viejo árbol, cumplió su último y más grande sueño.